assorted candies

San Valentín

Esta historia extra está ambientada en el Mundial de Luhah que aparece en Off The Record

Tania Albeira Rodriguez

2/13/20266 min leer

Para los aficionados al rugby febrero es mucho más que el mes de San Valentín. Por eso escribí esta historia de Luke y Marcus ambientada en el Mundial de Luhah.  Para celebrar este día los ebooks de Offside y Off The Record estarán en oferta en Amazon 

Harris no hacía más que hablar de todo lo que había preparado para sorprender a su mujer por San Valentín. Se encontraban en Luhah y el Mundial todavía estaba en la fase de grupos. Harris se sentía mal dejando a su amigo solo todo el día.

—A Rachel no le va a importar si te pasas un rato —sugirió Harris. Marcus negó con la cabeza—. Le caes bien y no creo que sea buena idea que te pases todo el día encerrado en la habitación.

—No voy a quedarme aquí todo el día —reveló Marcus. No quería decirle que tenía planes porque eso suponía mentir y aunque solo habían pasado dos semanas desde que comenzó el Mundial, Luke y él le habían soltado demasiadas trolas y excusas—. Y antes de que te pongas a gritar, no tengo una cita.

—¿Es solo algo casual? Porque estamos en San Valentín —le recordó Harris.

—Guau. ¿Por eso llevas un traje rojo y hay un ramo de flores en la cama? Pensaba que te habías metido en una secta —ironizó Marcus llevándose una colleja de su amigo.

—Soy un romántico, deberías aprender si quieres echarte novia.

—No quiero.

—¿Entonces cuál es tu plan? —Harris no podía evitar ser un cotilla.

—He quedado con Luke. —Marcus se sintió bien diciéndole la verdad. Todo el mundo estaba al tanto de su amistad.

—Plan de amigos.

—Sí, a la tarde no sé lo que haremos, pero luego veremos el Seis Naciones.

—¿Desde cuándo ves rugby? —le interrogó Harris.

—Hmm... Desde hace tiempo. ¿Tú no has quedado con Rachel para pasar el día?

—Me voy. No me eches de menos cuando esté fuera.

—Pásalo bien, capullo.

La diferencia horaria entre Luhah e Inglaterra era de dos horas y eso significaba que para ellos el partido sería a las once y cuarto de la noche. Luke estaba emocionado por verlo. Inglaterra venía de perder el anterior encuentro ante Escocia. En el Seis Naciones los partidos tienen también su propio trofeo. El que se disputan los escoceses y los ingleses es tan antiguo como su rivalidad y se llama Calcuta Cup. Marcus empezaba a saberse de memoria como funcionaba la competición. Todavía faltaban casi siete horas para que el balón ovalado echara a volar en el estadio de Twickenham cuando Marcus se encontraba apoyado en una de las paredes de ladrillo de la parte trasera del hotel. Luke tardó cinco minutos en aparecer.

—Lo siento. Me ha llamado mi jefa —explicó Luke.

—¿Y no le has dicho que está fatal hacer esperar a tu novio en San Valentín?

—Él y yo no celebramos ese día —respondió Luke con una sonrisa de suficiencia.

—Harris y Rachel sí, pero hoy no le he mentido.

—¿Le has dicho que has quedado conmigo? —Luke le miró boquiabierto.

—Sí. Ya sabes sin decirle la verdad. Solo que vamos a pasar la tarde juntos y que a la noche veremos un partido de rugby.

—Yo lo veo un plan muy romántico —opinó Luke haciéndole sonreír.

La playa estaba un poco lejos del hotel, pero merecía la pena porque no había nadie. Pasaron la tarde conversando, bañándose en el mar y viendo la puesta de sol. Todo parecía perfecto salvo porque no podían estar tan cerca como les gustaría. Si alguien les veía teniendo muestras de afecto en público en ese país estarían en peligro. Cuando regresaron al hotel subieron a la habitación de Luke por las escaleras de emergencias. Antes de que llegaran arriba Marcus dejó de andar y le miró.

—Llevo todo el día queriendo hacer esto —confesó mientras acariciaba con sus manos las mejillas de Luke.

—Por el día de los enamorados supongo —bromeó Luke. Marcus sonrió y le mordisqueó el labio inferior como si fuese un anticipo de todos los besos que se moría por darle.

—Creo que deberíamos replantearnos eso de no celebrarlo. Me has llevado a la playa. Hemos visto la puesta de sol mientras nos secábamos después de bañarnos. Luego hemos cenado unas pizzas y ahora estamos a punto de entrar a tu habitación para...

—Ver un partido de rugby. Ah, y todos esos planes han sido geniales, pero no nos hemos besado ni una vez.

—¿Y a qué hostias estamos esperando?

—Si quieres celebrar San Valentín me parece bien, pero solo si sigues besándome así toda la noche —propuso Luke después de que sus labios se fusionaran.

—Podemos hacerlo este año —accedió Marcus antes de volver a reclamar su boca explorándola con su lengua.

—Deberíamos subir. Este sitio no es muy seguro. —Luke se asustó al escuchar un ruido que provenía de fuera. Marcus le dio la mano y le besó la frente. Solo le soltó cuando abrieron la puerta y salieron al pasillo. Ninguno soportaba vivir con miedo, pero les dolía mucho más no poder verse.

Una vez en la habitación sus labios volvieron a enredarse sin descanso. Todavía faltaba una hora para el partido.

—¿Quieres postre? —le preguntó Luke.

—Hmnm... Sí —respondió con la respiración acelerada mientras le llenaba el cuello de besos.

—Me refiero a un pastel o un helado.

—Puedo chuparte entero como a un helado.

—Explícame eso —le pidió Luke haciéndose el inocente y muriéndose por derretirse entre sus brazos.

—Los helados hay que lamerlos rápido para que no se derritan, sobre todo con este puto calor. Pero yo empezaré despacio para que dure más.

Después de saborearse el uno al otro y pasar de nuevo por la ducha Luke encendió el ordenador. Buscó el partido, pero la conexión iba muy lenta y les tocó tirar de los datos del móvil. Los dos bromearon con que mientras otras parejas se dejaban un dineral en organizar la cita perfecta, ellos lo hacían para ver deporte.

—¿De verdad que esto es legal? —Marcus señaló la pantalla. Un jugador irlandés llevaba la pelota y su oponente inglés le estaba empujando sin piedad con el hombro.

—Sip. Es una carga de ambos con el hombro.

—Ya pues parece que le van a partir en dos.

—El fútbol es muy light —se burló Luke—. También es un deporte de contacto, pero no tanto y la mayoría acaba rodando en el suelo por nada.

—Yo no hago eso y... Joder, se te va a salir el hombro mil veces. —Luke le miró intrigado—. De pequeño te pasaba.

—¿Cómo lo sabes?

—Sé muchas cosas —bromeó Marcus.

—Mierda. Irlanda ha hecho un try —protestó Luke—. Ya, eres muy listo, pero eso solo han podido contártelo mis padres.

—Me lo dijo tu madre. ¿Fue por eso por lo que no jugaste nunca al rugby?

—No y tampoco me da miedo que se me salga el hombro. Se puede recolocar. No jugué nunca porque no me atrevía. Después de sufrir bullying me daba miedo intentarlo.

—En el quipo van a adorarte y a tratarte genial —le tranquilizó Marcus.

—¿Lo dices porque si no vas a ponerte en modo Hulk?

—En parte sí —bromeó Marcus mientras Inglaterra se llevaba el balón—. ¡Joder, qué jugada!

—Podían haberla hecho la semana pasada contra Escocia, pero sí, es la leche. Por fin estamos jugando bien y remontando.

—No se puede ganar todo, hooligan.

Luke le sacó la lengua y él le besó. Inglaterra enseguida se puso arriba en el marcador y ellos disfrutaron de cada jugada y de cada ensayo anotado por los de la Rosa Roja.

—Sería genial ganar el Seis Naciones este año. —Luke soñó despierto.

—¿No hace como un siglo que no pasa eso?

—No y ¿tú con quién leches vas? —protestó Luke. Él señaló orgulloso la camiseta que llevaba puesta—. Es mía.

—¿Te hago una lista de todas las que me has quitado tú?

—No porque pienso seguir haciéndolo. Y eso no es expulsión. Este árbitro...

—Luke, hace un momento has dicho que la única carga legal cuando corren con la pelota es hombro contra hombro. Le ha dado una hostia con la mano.

Luke puso los ojos en blanco y él se echó a reír.

Faltaban cinco minutos para que finalizara el encuentro cuando se fue la luz en el hotel. Todo se quedó a oscuras salvo la pantalla del portátil de Luke que no estaba conectado a la red. Luke se tensó un poco, pero enseguida entendió que no tenía nada que temer. Puede que estuviera en uno de los países más peligrosos del mundo, en el que incluso su relación era ilegal, pero con Marcus hasta ese lugar se convertía en un hogar.

—¿Estás bien? —le preguntó Marcus.

—Sí. El día ha sido perfecto. Inglaterra ha machacado a Irlanda y a ti te quedan demasiado bien las camisetas de rugby.