
¿Qué pasaría si...?
Una historia extra e hipotética del libro Offside
Tania Albeira
8/17/20269 min leer


El Doctor Extraño es un superhéroe de Marvel. Pertenece a los Vengadores, esos que liderados por el Capitán América al grito de "Vengadores, ¡reuníos!" salvan el mundo. Uno de los poderes del Doctor Extraño es que puede saber lo que va a suceder porque hay tantas realidades como posibilidades y todo puede cambiar en cuestión de segundos. Por ejemplo, cuando los Vengadores luchan contra Thanos para evitar que se haga con las gemas del infinito, todo podía haber sido muy distinto cambiando una sola decisión de un personaje. En la vida real sucede lo mismo, aunque no haya piedras mágicas ni superpoderes. Y no, esta historia hipotética no va de superhumanos que vuelan. ¿Qué hubiese pasado si Fabio no hubiese tenido nunca interés en Marcus y si él no se hubiese atrevido a salir en serio con Luke porque era algo que no había hecho nunca?
Gira de pretemporada del Redfox, julio de 2019, Glasgow, Escocia
Marcus abrió la puerta de su habitación y sonrió al verle. Esta vez Luke parecía no haber sucumbido a la tentación de aceptar la cerveza porter del cuerpo técnico del equipo.
—Has sobrevivido —sonrió Marcus después de invitarle a que entrara.
—Sí, me han ofrecido un montón de cervezas distintas y he escogido un refresco.
—Oh, vale, entonces no quieres beber nada —se burló Marcus.
—Hay algo que sí.
Luke le miró coqueto. Se mordió el labio inferior y Marcus le tomó en brazos para llevarle a la cama. Luke enroscó las piernas alrededor de su cintura mientras sus labios se unían. Cayeron sobre el colchón sin soltarse. Se desnudaron el uno al otro entre un montón de besos. De repente escucharon unos ruidos procedentes de la habitación de al lado. Colton, uno de los veteranos del equipo estaba pasando un buen rato con alguien y ni el ni su acompañante eran precisamente silenciosos.
—Ay, dios —murmuró Luke al escuchar el apodo por el que Colton se refería a su pareja.
—Acaba de llamarle peluche, sí.
—Hmm... Así que, odias los apodos cariñosos —le vaciló Luke.
—Has empezado tú, pero sí. Suelen ser jodidamente horteras.
—Vale, no te llamaré... —Marcus no dejó que terminara la frase.
—Lo de Ricitos de Oro me gusta. Ah, y si ahora gritamos, creo que nadie va a darse cuenta.
Un par de días después, tras el partido de Glasgow
Marcus fue el héroe del encuentro y sus compañeros le arrastraron de fiesta por la ciudad. Sin embargo, el delantero no podía dejar de pensar en Luke. Sacó el móvil y le escribió.
Marcus: Te echo de menos.
Luke: Estamos muy cerca.
Marcus: ¿Qué?
Luke: Zona de los billares. Estamos en el mismo pub.
Marcus: Quiero besarte.
Luke: ¿Dónde?
Marcus: Primero en los labios. Quiero perderme en tu boca. Luego tu cuello, tus hombros, tus pezones. Joder, son tan oscuros y bonitos. Me encanta mordisquearlos y ver cómo se ponen duros. Luego tu tripa. Ese rastro de vello que hay hasta tu entrepierna... No me canso de recorrerlo.
Luke: Guau y ¿de verdad has podido escribir ese mensaje sin excitarte?
Marcus: Ven al baño y te respondo.
Luke: El pub está lleno de futbolistas y periodistas.
Marcus: Pero a mí solo me importa uno.
Luke negó con la cabeza y les puso una excusa absurda a sus compañeros de profesión. Mentir se le daba fatal y no podía evitar preguntarse cómo todavía no les habían pillado. Marcus tampoco tenía un don para disimular. Los dos eran un desastre en eso. En el baño se comieron a besos. Después salieron del pub intentando que nadie les viese. Su plan era escabullirse hasta el hotel para pasar la noche juntos, la última noche en Escocia. Luke nunca había estado con nadie que le hiciera sentir así. Con sus anteriores parejas no se atrevía a ser él mismo. Con él lo fue desde el principio. Además de no haber estado nunca con alguien que le hiciera sentir tan seguro, Luke solo había tenido relaciones serias. Le gustaba planificar las cosas y tenerlas claras. Sabía que lo que había entre Marcus y él iba más allá del sexo. Siempre se tiraban horas hablando, abrazados porque eran incapaces de soltarse y charlando de absolutamente todo. Le había contado cosas que nunca imaginó que diría en alto. Se preguntaba cuánto tiempo estarían así, sin ponerle nombre a lo que tenían. También sabía que Marcus huía del compromiso como de la peste. La primera vez que Luke le besó, él salió corriendo. Le asustó que su tripa se llenara de mariposas.
—¿Puedo preguntarte algo? —Luke le habló mientras caminaban con los hombros prácticamente pegados y sus manos rozándose.
—Claro, lo que quieras. Espera, ¿vas a hacerme una entrevista, Doyle?
—No, idiota.
—Entonces, te escucho.
—¿Qué somos? —Al oírle, Marcus frunció el ceño—. Me refiero a qué hay entre nosotros.
—Lo he entendido.
—¿Entonces?
—Luke, lo que quieres es que salgamos juntos, ¿no?
—Me encantaría —reconoció Luke.
—Pero... No saldría bien.
—¿Por qué no? Nos pasamos todo el día juntos —le recordó Luke—. Hablamos de todo, nos escuchamos, entendemos y estamos a gusto el uno con el otro. ¿Por qué no va a salir bien?
—Porque yo no sé tener pareja.
—Marcus, prácticamente somos una pareja.
—Puede, pero no de verdad. Yo... sé que no saldría bien y no quiero eso. Luke, tú me encantas. Nunca he sentido esto por nadie. Yo... nunca he tenido la necesidad de estar todo el rato con una persona. Nadie se ha metido tanto en mi mente y en todas mis putas terminaciones como tú lo has hecho.
—Pero no vas a salir conmigo —adivinó Luke. Marcus negó con la cabeza—. Si eso es verdad, no lo entiendo.
—Es verdad, pero sé que acabaría cagándola.
—Tienes un concepto equivocado de ti mismo.
Marcus no se atrevía a preguntar qué pasaría ahora. Sabía que no era justo pedirle que siguieran juntos sin tener algo serio. No era egoísta y aunque le costara, entendió que todo se había acabado. Que igual debía perderle como había hecho con todo en la vida desde que tenía uso de razón.
Solo que, con Luke no podía. Puede que fuera una idea espantosa. Desde luego le aterraba, pero tenía claro que no podían separar sus caminos. Estaban unidos desde que escuchó su dulce voz por primera vez. Ahora, antes de que las puertas del elevador se cerrasen y Luke subiese a su habitación, Marcus entró. Al verle, Luke frunció el ceño, pero no pudo controlar su sonrisa ni que sus latidos se desbocaran. El edificio era de esos que tienen tropecientos ascensores y que cada uno se dirige a un piso. Al futbolista le correspondía el del otro lado del vestíbulo. Sin embargo, se metió en ese mientras Luke le observaba con sus ojos marrones oscuros.
—Marcus, ¿qué pasa? —murmuró Luke.
Al futbolista no se le ocurrió otra manera de explicárselo que besar sus labios. La lengua de Luke se unió a la suya, a la vez que sus pulsos se aceleraban. Luke quiso hablar, pero el beso le había dejado sin palabras. Marcus se imaginó que iba a decirle que aquello no estaba bien. Él volvió a besarle. Sabía que sí lo estaba, que no había nada en todo el mundo que estuviera mejor ni que fuera más correcto que ellos estando juntos.
—Quiero salir contigo —confesó Marcus entre beso y beso.
—¿De verdad?
—Sí, de verdad, aunque...
—No va a salir mal —aseguró Luke mientras le acariciaba el pelo. Las puertas del elevador se abrieron y los dos fruncieron el ceño.
—¿Aunque sea un secreto? —se lamentó Marcus sintiéndose culpable porque tuvieran que esconderse.
—Puedes añadir todos los aunques que quieras, Ricitos de Oro —le advirtió Luke con una sonrisa mientras las puertas se cerraban. Luke pulsó el piso de su habitación—. ¿Quieres dormir conmigo?
—¿Vas a demostrármelo? Ah, y sí, lo quiero todo contigo.
—¿Ves como no va a salir mal? Yo también lo quiero todo contigo. Y para que lo sepas, te lo demostraré siempre.
Marcus no se arrepentía de haber cambiado de opinión. Siempre se había negado a tener algo serio con alguien, pero Luke era distinto. Siempre que se despedían no pasaban ni unos segundos hasta que le echaba de menos. Y cuando volvían a quedar, su corazón latía a mil por hora y todo su cuerpo temblaba de emoción. Daba igual el tiempo que pasaran juntos, nunca tendría suficiente. Tenía claro que probablemente le quería desde antes de que él le besara aquella noche lluviosa. Marcus le miró, Luke tampoco podía parar de sonreír. Acarició sus mejillas para después besar sus labios. Habría seguido haciéndolo, pero las enormes puertas de metal del elevador se abrieron y al instante escucharon la voz de Harris. El compañero de Marcus no dijo nada. Solo emitió una especie de ruido. Ellos separaron sus labios y Luke sintió que todo se acababa de ir a la mierda. No había forma de que Marcus quisiera estar con él después de que alguien del equipo les hubiera descubierto. A Luke le invadió el miedo. Se habían expuesto demasiado besándose en un ascensor como si estuviesen solos en el mundo. Realmente cuando estaban juntos a ninguno les importaba nada más, pero Luke tenía claro que eso no justificaba que hubiesen sido descuidados. Al minuto de salir ya se habían besado en un sitio público. Luke intentó respirar, evitando que todo empezase a dar vueltas a su alrededor. No podía tener un ataque de ansiedad en ese momento. La mano de Marcus se entrelazó a la de él. Luke le miró como si se hubiera vuelto loco y él le acarició los nudillos. Entonces lo entendió. Puede que llevaran saliendo solo unos segundos, pero habían pasado el último mes juntos y ambos deseaban lo mismo, seguir estándolo. Harris les observó confundido.
—Har —habló Marcus—. Lo que has visto...
—Sé lo que he visto —le cortó el diez. Luke estaba a punto de hiperventilar. Marcus volvió a acariciarle los nudillos como si lo adivinase.
—¿Puedes no decírselo a nadie? —preguntó Marcus.
—¿Por qué? —se extrañó el grandullón pelirrojo.
—Ay, dios... —Luke no sabía qué más decir.
—No lo entiendo, tío. Hacéis una buena pareja y no lo digo solo por ese beso que parecía de película —confesó Harris. Los dos le miraron sin comprender nada.
—Har, ¿te parece bien, pero no lo entiendes? —alucinó Marcus.
—¿Por qué iba a parecerme mal? —replicó Harris—. Claro que no entiendo por qué hostias es un secreto. Un momento... ¿Es para mantener la emoción o algo así? Hay gente a la que le va ese rollo de lo prohibido.
—Harris... ¿A cuántos futbolistas gais conoces? —intervino Luke. Era una suerte que el pasillo estuviera desierto. Todas las habitaciones de esa planta estaban ocupadas por miembros de la expedición del Redfox, pero esa noche seguían de fiesta. Harris había vuelto antes para darle las buenas noches por teléfono a Rachel, su mujer.
—No lo sé —respondió el diez del Redfox y de la selección inglesa elevando las cejas.
—¿Y ahora lo entiendes? —agregó Marcus—. Harris, no hay ninguno fuera del armario.
—Eso ya lo sé, pero no entiendo el motivo. Quiero decir, ya sé que se hace el Rainbow Laces y que el fútbol intenta ser inclusivo...
—No lo consigue. Es más bien para lavarse la cara —aseguró Luke.
—Bueno, pero... Si estáis bien juntos, ¿qué más da todo lo demás? Realmente no sabéis lo que ocurriría si lo contaseis, ¿no? —opinó Harris.
—¿Qué? —alucinó Luke.
—No podéis saberlo si no hay nadie fuera. Es como una especie de terreno desconocido —teorizó el pelirrojo.
—Supongo, pero nos hacemos una idea —aclaró Marcus.
—¿Y no queréis ver lo que hay al otro lado? —se sorprendió Harris.
—Vale, esto no es como la leyenda del arcoíris, el Leprechaun y el caldero de oro que te encuentras al otro lado —comentó Marcus—. Puede que no sepamos exactamente qué pasaría, pero nos lo imaginamos.
—¿Y no sería bueno? —adivinó Harris.
—No —respondieron al unísono.
—Joder, vaya mierda —protestó el diez—. Una pregunta, ¿cuánto tiempo lleváis saliendo?
—Cinco minutos —respondió Luke con total sinceridad. Al ver la cara de sorpresa de Harris decidió explicarse mejor—. Oh, no acabamos de conocernos.
—Eso pasó en Westbrown hace un mes —agregó Marcus.
—Hmm... Cuando llevéis más de cinco minutos siendo novios, igual podéis plantearos contarlo —opinó Harris—. Con esto no quiero decir que no vayáis en serio. Mierda, me estoy metiendo en un jardín lleno de zarzas.
—Sí y vamos en serio —le corrigió Marcus. En todo el tiempo que llevaban hablando no había soltado la mano de Luke y ahora era él quien estaba acariciando sus nudillos.
—Me alegro. Ah, y no voy a contarle a nadie vuestro secreto —prometió Harris.
Los dos le dieron las gracias. Cuando estuvieron solos en la habitación de Luke se miraron y se fundieron en un abrazo. Su secreto acababa de empezar y ya lo sabía una persona, pero tenían claro que aunque fueran veinte seguirían juntos y saldrían adelante.


