Me niego a que estés lejos

Una historia extra de Off The Line

Tania Albeira

10/4/20263 min leer

Hace meses Marcus sucumbió a una de las costumbres de todos los deportistas de élite, tener un gimnasio en casa. A diferencia del de Rizik o el de Fabio, el suyo era una pequeña sala de ejercicios con pesas, una máquina de remo, espalderas y una bicicleta estática. El rugby amateur no tenía partidos en unas semanas, pero Luke pensó que era buena idea hacer deporte allí con él.

—¿Qué vas a hacer primero? —preguntó Luke después de darle un trago a su botella de agua.

—Calentar y tú también.

—¿Vas a enseñarme?

—Te he visto calentar con los Hedgehogs, no seas capullo —le pidió Marcus.

—Ok, entonces tú calientas por un lado y yo por otro.

—Yo no he dicho eso —se defendió Marcus atrayéndole hacia él—. Me niego a que estés lejos.

—¿Entonces? —Luke lo dijo mordiéndose el labio.

Marcus intentó ignorar lo caliente que sonaba su voz con una sola palabra. Luke se mordió el labio inferior mientras le miraba con sus ojos oscuros nublados por el deseo.

—Abre las piernas y levanta los brazos.

Luke obedeció al instante. Marcus se quedó embobado observando cómo la camiseta de su novio se levantaba dejando a la vista su suave y besable ombligo.

—Ahora mueve las muñecas en círculos —continuó Marcus.

Luke volvió a hacerle caso. Estaban de pie, enfrente y separados por solo unos centímetros. No podían dejar de mirarse. Cuando terminaron el ejercicio continuaron estirando sin quitarse los ojos de encima. Estaban tan cerca que cada uno solo escuchaba la respiración del otro. Cuando se agacharon para ejercitar las piernas, sus rodillas chocaron y sus manos se rozaron. Luke sabía que esas horas de deporte para Marcus eran importantes. Por eso se obligó a no besarle. Lo de no desnudarle con la mirada era más complicado. El siguiente ejercicio consistió en flexionar las rodillas. Para entonces era imposible negar que ambos querían llevar el ejercicio a otro nivel. Sus pantalones de deporte no ayudaban a disimularlo. Continuaron mirándose sin decir nada hasta que sus labios hablaron por ellos.

—Necesito besarte —murmuró Luke contra sus labios.

—Y yo que no dejes de hacerlo.

Sus labios chocaron en un beso intenso y cargado de necesidad. Puede que el entrenamiento fuera importante, pero nada tenía más importancia que lo que sentían el uno por el otro.

—Te amo muchísimo —gimió Luke.

—Yo más.

—Eso... —Luke no pudo terminar la frase. Marcus había comenzado a besarle la tripa y él se olvidó hasta de su propio nombre—. Oh, joder... Si sigues así...

—Lo sé y es perfecto.

Luke se mordió el labio con fuerza. Una cosa era que aguantara medio calentamiento con Marcus semidesnudo, también que le besara la tripa como si fuese su lugar favorito en el mundo, pero esa mirada de puro fuego y su forma de besarle eran demasiado.

—Necesito sentirte —confesó Luke.

Marcus le prometió que lo haría despacio y que aumentaría el ritmo poco a poco hasta que no pudieran parar de gemir. Se quitó la camiseta y continuó llenándole de besos. Luke tiró de él para acariciarle. Comenzó por su firme espalda y continuó por su pecho y por las caderas. Le bajó los pantalones mientras él le besaba el cuello. Marcus apartó las pesas y se sentó en la silla completamente desnudo. Luke se colocó encima y se echó a reír.

—Esta forma de ejercicio es muchísimo mejor —aseguró Luke.

—Le da mil vueltas —reconoció Marcus entre risas y besos—Ve despacio.

Luke estaba encima y era quien controlaba el ritmo. En todos los aspectos de su vida solía ser prudente y no le costaba esperar, pero cuando estaba con Marcus así era todo lo contrario. Ignoró su consejo y Marcus le observó negando con la cabeza y a la vez deseando no salir nunca de su interior. Luke sonrió y él le acarició la cara antes de que sus labios volvieran a colisionar.

—Eres tan jodidamente impaciente —comentó Marcus con la voz ronca y entrecortada.

—¿Más que tú? —se burló Luke.

—Hmm... Sí.

Luke se echó a reír y empujó sus caderas. Quería recordar esa sensación de plenitud durante días y no olvidar jamás lo sexy que podía ser un calentamiento en el gimnasio. Marcus le besó el cuello y le tocó en el momento perfecto para que ambos acabaran viendo las estrellas con un orgasmo eléctrico. Luke se dejó caer sobre su pecho sin preocuparse del desastre en el que se había convertido su tripa. Le daba igual. La ducha podía esperar.

—¿Te das cuenta de que también has hecho deporte en tu día libre? —le vaciló Luke mientras jugaba con el anillo que Marcus llevaba colgado del cuello.

—Puedo seguir.

—¿Te refieres a una sesión de recuperación?

—Sí. En la ducha y luego en la cama —respondió Marcus con sus dedos enredados en el pelo color café de Luke—. El agua relaja los músculos y...

—En la cama se puede descansar.

Los dos se miraron y estallaron en risas antes de volver a besarse con mucha más calma que hace un momento.

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© Offside, © Off The Record

Diseño y textos:

Tania Albeira Rodriguez

© Cubiertas: Jesús Lenoo.


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