
Lo más importante
Historia extra de Off The Record *Contiene Spoilers
Tania Albeira
5/9/20268 min leer


Esta historia sería la continuación del capítulo Me has vuelto gilipollas del libro Off The Record. Contiene algunos spoilers.
Tras despedirse de Seb subieron las escaleras corriendo. El padre de Luke les observó durante unos segundos y negó con la cabeza. Tenía claro que Marcus hacía feliz a su hijo como nadie, pero él también le había visto siendo terriblemente desdichado cuando las cosas no iban bien entre ellos.
—Me encanta que esté tan feliz —confesó Barb al escuchar la risa de Luke. Seb no dijo nada, pero no podía dejar de darle vueltas a qué pasaría si Marcus volvía a desaparecer. Si Luke volvía a encerrarse en esa habitación en la que ahora se estaba riendo, pero en la que hasta hace un par de semanas vivía sin querer saber nada del mundo. Seb se guardó sus pensamientos y se quitó las zapatillas para meterse en la cama con su mujer—. Seb, ¿estás bien?
—Sí. Luke está con Marcus. Han venido después de una cena o no sé qué.
—Habían quedado con Jacob.
Seb frunció el ceño. Estaba claro que ahora eran Luke y él los que se habían distanciado.
—A mí no me lo ha dicho —murmuró nervioso y algo molesto.
—Y sabes por qué —le recordó Barb. Él negó con la cabeza—. Seb, le tratas como si fuese un niño y como si no pudiera ser capaz de tomar sus propias decisiones. Por no hablar de esa manía que le has cogido a Marcus. No entiendo cómo has podido pasar de quererle como a un hijo a no poderle ni ver. De verdad que no lo entiendo.
—Porque él hizo daño a nuestro hijo, Barb —contestó él—. Solo por eso.
—No sabemos lo que pasó, pero lo que sí sabemos es que ahora están bien y son felices.
—¿Y cuánto va a durar? —le interrogó Seb—. Que yo sepa ni siquiera han vuelto de verdad. No tienen nada serio, simplemente quedan y hablan, ya está. A no ser, claro que sea como la cena de esta noche de la que nadie me había hablado.
—No tienen nada serio, no, pero tampoco creo que lo necesiten.
—Eso es genial porque así cuando a Marcus le de por largarse otra vez no tiene que darle explicaciones —ironizó Seb.
—¿Puedes dejar de decir tonterías?
—Lo siento. Buenas noches —murmuró Seb avergonzado. Barb le dio un beso rápido y apagó la luz—. ¿Pueden reírse más bajo? Así no creo que pueda pegar ojo.
—No están metiendo ruido.
—Pues yo les oigo reírse —insistió Seb.
—Igual es porque tú últimamente estás en modo gruñón y no lo haces mucho.
—O porque sé que Luke va a volver a sufrir y no quiero —se defendió él.
—No lo sabes y duérmete ya, por favor.
Seb recordó que volviendo a casa del trabajo había visto que en la calle principal de Serpentown acababan de abrir una tienda de colchones. Decidió que al día siguiente iría a echarle un vistazo. El de la habitación de invitados era antiguo e incómodo, pero nunca lo usaba nadie. Seb decidió que eso debía cambiar.
En la habitación de enfrente Luke acababa de echar el pestillo sin parar de reírse con las bromas de Marcus.
—No creo que esté tan frío cuando no paras de tocarme —afirmó Luke cuando consiguió cerrarlo.
—Es que deberías entrar en calor —le susurró al oído.
Luke le abrazó y enroscó las piernas alrededor de su cintura. Marcus le miró y él inclinó la cabeza para besarle. Cuando separaron sus labios Marcus caminó con él en brazos hasta la cama. Se tropezó con una de las patas del escritorio y los dos se echaron a reír.
—¿Qué le pasa a mi escritorio? —preguntó Luke al ver cómo lo observaba.
—Que ha pasado una eternidad desde que hicimos el amor en él.
—Si lo vacías y te desnudas podemos cambiar eso —sugirió Luke mientras enredaba las manos en los rizos oscuros de Marcus. Él sonrió y le respondió con un beso.
—Para eso tienes que soltarme.
—Hmm...
—No voy a irme a ningún sitio —aseguró Marcus.
—Lo sé. Fuera hace demasiado frío —bromeó él bajándose al suelo para ayudarle a retirar el portátil y el cuaderno.
—Ese es el motivo principal —le pinchó Marcus. Luke le lanzó un subrayador fosforito y él lo agarró al vuelo. Dejó el ordenador en un lugar seguro y regresó a su lado. Sacó un rotulador rosa del bote que había en el escritorio y le pintó la mejilla.
—¡Serás capullo! —protestó Luke decidido a devolvérsela. Marcus levantó los brazos con inocencia y le miró antes de que Luke le pintara la cara de colorines .
—¿Si te digo que estaba subrayando lo más importante paras?
—¿Me lo dirías solo para eso? —preguntó Luke.
—No. Lo diría porque es la verdad.
Luke agarró uno de los subrayadores y se acercó a sus mejillas. Dibujó un pequeño corazón en esa zona que con el sol solía llenarse de pecas. Después besó sus labios despacio. Poco a poco el ritmo de los besos se volvió más caótico y necesitado. Marcus movió la cabeza para darle acceso a su cuello y subió a Luke al escritorio. No se dio cuenta y acabó chocando con el flexo que colgaba de la balda de arriba. Los dos volvieron a estallar en risas. Marcus apartó el flexo y volvió a unir sus labios con los de él. Se desnudó delante y sin dejar de tocarle. Luke no pudo evitar morderse el labio mientras le observaba. Las horas que Marcus había pasado entrenando de más y haciendo ejercicios en el gimnasio de Sandhill se notaban. Vaya si lo hacían. Sus brazos eran más anchos y sus bíceps se remarcaban tanto como sus pectorales y los músculos que adornaban su pálido abdomen.
—Si sigues mirándome así vas a matarme —comentó Marcus con la respiración entrecortada.
—No puedo evitarlo y no, no es porque ahora tengas más músculos, idiota. Sabes que lo hago desde la primera vez que te vi desnudo.
—Yo te miraría igual, pero llevas demasiada ropa.
—Hace un momento te preocupaba que no me congelara —le pinchó Luke.
—Sé cómo hacerte entrar en calor —ronroneó él.
—¿Así mejor? —preguntó Luke después de quitarse a la vez la sudadera y la camiseta que llevaba. Marcus asintió mientras le devoraba con los ojos. Luke se desabrochó el botón de los vaqueros y bajó la cremallera. Seguía sentado sobre el escritorio y no podía hacer mucho más—. Vas a tener que ayudarme si me quieres desnudo.
—Te quiero de todas las formas.
—Y yo a ti —confesó Luke mientras agarraba su mano para bajar del escritorio y terminar de desnudarse.
Los ojos azul océano de Marcus recorrieron el cuerpo desnudo de Luke. Bajaron desde su pecho hasta esa fina capa de vello que marcaba el camino hacia su entrepierna y hacia esa erección que abultaba sus slips blancos. Marcus le acarició la cintura y se arrodilló ante él sin dejar de mirarle. Besó su tripa despacio, obligándose a no sucumbir a la impaciencia. En unas semanas Luke se iría a Luhah a cubrir el Mundial para el True Sports y Marcus tenía asumido que él se quedaría en Inglaterra. Estaba convencido de que ni de coña entraría en la lista de Clive. Eso significaba que esa noche podía ser una de las últimas que pasaran juntos hasta que Luke regresara. No quería pensar en ello, solo deseaba saborear cada rincón de la suave piel de Luke, esa que a su regreso Marcus sabía que sería más morena y que se moriría igual que ahora por besar. Se sentía un cobarde por no atreverse a decirle que quería estar con él, ir en serio como antes, pero sin alcohol, mentiras ni secretos. Se prometió a sí mismo que se lo diría pronto, pero no esa noche.
—No paras de pensar y de parar el tiempo —le regañó Luke. Los besos de Marcus eran suaves y dulces, eso le encantaba, pero casi podía escuchar a los engranajes de su cerebro desde allí.
—Y me está costando la hostia porque me muero por tenerte dentro de mí y por no dejar de sentirte.
Luke se mordió el labio de nuevo y él le bajó los calzoncillos dejando libre su erección. Volvió a mirarle antes de metérsela a la boca, convirtiendo a Luke en un amasijo de gemidos descontrolados.
—¿No deberíamos ser más silenciosos? —dudó Marcus. Él soltó otro gemido y el futbolista acabó riéndose.
—No-no estamos gritando —se defendió Luke.
—Puedo hacerte gritar si quieres.
Marcus acompañó su sugerencia de una sonrisa traviesa y Luke se derritió como un helado expuesto al sol.
—Puedes hacerme lo que quieras. —«Soy tuyo». Luke se mordió el labio antes de decirlo. Sabía que seguían siendo lo más importante el uno para el otro, pero sentía que de alguna forma si soltaba esas dos palabras ya no habría marcha atrás y tendrían que tomar una decisión. Quería volver con él, pero tampoco quería presionarle ni estropear lo que habían construido. Quizás estaba siendo un idiota por no ser sincero, pero se prometió a sí mismo que cuando regresaran del Mundial se lo diría. Luke no tenía ninguna duda de que Marcus iba a estar allí con él, siendo el nueve de Inglaterra y maravillando al mundo con su fútbol.
Marcus jugó con sus labios y con su lengua, llevándole al cielo y haciendo que le temblaran las piernas y que se viera inmerso en una espiral de placer en la que sentía que iba a correrse de un momento a otro.
—Ven. —La voz de Luke era pura necesidad. Marcus se puso de pie y él devoró su boca entrelazando sus lenguas sin descanso.
—Parar y acelerar el tiempo se nos da la hostia de bien —afirmó Marcus mientras volvía a respirar. Luke le dio la razón mirándole con las pupilas dilatadas. Las de Marcus estaban igual, pero en su caso volvían sus ojos más claros que nunca, como si contuviesen un pedazo del libre y salvaje océano.
Se tumbaron en la cama y volvieron a besarse mientras sus cuerpos se fundían en uno solo. Luke movió las caderas golpeando su próstata y logrando que los gemidos de ambos murieran en sus bocas.
—Más fuerte —suplicó Marcus con los rizos cayendo de forma desordenada sobre su frente.
Luke aumentó el ritmo y le preguntó si estaba bien.
—En el puto paraíso. Joder, Luke, quiero más.
Luke se movió todo lo rápido que pudo, llevándolos juntos al éxtasis. Después se dejó caer sobre el pecho de Marcus y él le rodeó con sus brazos sin ninguna intención de soltarle.
—Mañana no tengo entreno y me va a venir la hostia de bien —afirmó Marcus entre risas—. Creo que no voy a poder moverme.
—No me lo creo. Eres incapaz de parar quieto —le vaciló él.
—Y tú me has fundido más que el partido de antes.
—¿Estás diciendo que soy más agotador que jugar contra el Tottenham? —le preguntó con diversión.
—Ajá.
—Pues te equivocas y, por si no te habías dado cuenta durante el partido has corrido un montón.
—Tú me dejas exhausto, pero también me relajas a un nivel que pensaba que era imposible. Nunca tengo suficiente de ti, siempre quiero más y querré más. —A Marcus le estaba venciendo el sueño. Luke le limpió y le tapó con el edredón—. Porque tú eres... Tú lo eres todo, Luke.




