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Historia de año nuevo

Así fue el 31 de diciembre de 2019, primer año nuevo que Luke y Marcus celebraron juntos

Tania Albeira Rodriguez

12/18/202515 min leer

Los zorros rojos acababan de jugar un partido en Birmingham y estaban deseosos de volar a casa. Como Luke trabajó el día de Navidad, Osborn decidió darle libre el de Nochevieja.

—Nos quedamos en tierra —anunció McCoy, el entrenador del Redfox—. El vuelo a Newcastle se ha cancelado por un problema técnico y hasta mañana no podemos volar a casa.

—¿Y ahora qué hacemos? —Quiso saber Leane, el capitán.

—Llamar a casa y quedarnos en Birmingham —le contestó Harris antes de que lo hiciera su entrenador.

—Qué práctico eres —ironizó Marcus llevándose un codazo de Harris.

—Voy a hablar con los de prensa y con el cuerpo técnico para ver si podemos volver al hotel donde estábamos —explicó McCoy.

—Si no tampoco pasa nada por dormir una noche en un pub, eh —le contestó un defensa entre risas.

Mientras su compañeros debatían sobre el nuevo plan de Nochevieja hubo dos jugadores que se quedaron con la vista fija en el panel de vuelos, como si un milagro pudiera arreglar ese fallo técnico del avión. Eso suele funcionar en las películas navideñas, no en la vida real. Fabio sacó el móvil y comenzó a escribir un mensaje tras otro. Marcus se dio unos segundos de tregua antes de pensar en un plan. Se negaba a quedarse sin celebrar el año nuevo con Luke. Habló con McCoy y el entrenador le preguntó si ya estaba para conducir durante cuatro horas. El encuentro contra el Birmingham había sido muy físico y exigente y Marcus se había llevado un golpe fuerte en la espalda. Marcus le dijo que sí y después de despedirse de todos sus compañeros buscó la zona de alquiler de autos. Quería una compañía que también estuviera presente en alguno de los aeropuertos del norte para poder devolver allí el coche. Encontró una y no se lo pensó dos veces. Eligió un Ford Edge para conducir las casi cinco horas que separaban Birmingham de Serpentown.

Marcus quería darle una sorpresa y llegar a Serpentown justo a tiempo para la cena de Nochebuena. Salió del aeropuerto y se dirigió hacia la A1. Luke volvió a escribirle. Marcus se imaginó que intentaba levantarle la moral, pero tampoco leyó los mensajes. Estaba concentrado en la carretera y cuando paró en un área de servicio para llenar el depósito y comprar café, se dio cuenta de que tenía que haber escuchado los mensajes por el reproductor de su coche de alquiler. Llamó a Luke por teléfono, pero no respondió.

—No me jodas —farfulló Marcus.

—Hola, soy Luke, ahora no puedo contestarte, pero si dejas un mensaje después de la señal, te llamaré o te escribiré. —Marcus le dio un sorbo al café mientras pensaba en cómo leches alguien podía ser tan adorable con el mensaje del buzón de voz.

—Luke, soy idiota. —Marcus comenzó así su mensaje—. Te he mentido, he alquilado un puto coche en el aeropuerto de Birmingham y estoy yendo a Serpentown. Ahora no tengo ni idea de dónde estás. Lo siento, llámame en cuanto escuches esto. Mierda, parezco tu buzón de voz, solo que tú eres adorable y yo un capullo que te ha mentido para intentar darte una sorpresa, pero que al final lo ha jodido todo.

Marcus aguardó unos minutos apoyando la cabeza en el salpicadero del Ford Edge. Sabía que Luke podía tardar horas en responderle. El BMW no tenía el móvil conectado, cuando lo hicieron en el 98 los smartphones parecían un invento de las pelis de ciencia ficción. Marcus miró el mapa de su móvil y calculó el tiempo. Luke le había escrito hace casi una hora, seguramente ya habría pasado Sunderland y él todavía estaba a las afueras de Nottingham. Tenía un largo viaje por delante, pero no sabía si debía avanzar o no. Decidió moverse y continuar hacia el norte. Luke le llamaría en cuanto escuchara ese mensaje o viera todos los que le había escrito. Marcus reemprendió la marcha y se obligó a sí mismo a no mirar el reloj del salpicadero. Una hora después todavía le quedaba la mitad del viaje y Luke seguía sin contestar. Pensó en llamar a Seb y a Barb, pero no quería preocuparles. Intentó convencerse de que Luke estaba bien y conduciendo con la música alta, cantando esas canciones que según Marcus eran cursis de cojones, pero que en realidad no le disgustaban tanto como decía. Marcus paró en otra gasolinera convencido de que su sorpresa iba a acabar convirtiéndose en un año nuevo separados y en la carretera. Se sentía mal también por los padres de Luke, ellos le habían invitado y ahora su hijo estaba vagando por las autopistas para encontrarse con su novio. El móvil de Marcus sonó y el respondió al instante.

—¿Luke? —preguntó esperanzado sin fijarse en el nombre.

—Skywalker, no te jode. Soy Harris, rubio —respondió el diez del Redfox con su habitual alegría y seguramente con una cerveza en la mano. Marcus estaba convencido de que antes de que McCoy y los demás encontraran un hotel, sus compañeros ya habrían encontrado un pub en el que comenzar la juerga. No les culpaba, se habían quedado atrapados en Birmingham y tampoco tenían nada que hacer—. ¿Dónde coño has ido?

—A casa.

—Pensaba que estabas de coña y que te largabas a descansar al hotel con los del cuerpo técnico. Como el partido ha sido tan jodido y te han dado hostias por todos lados... ¿Todavía te duele el golpe de las costillas?

—Bah, estoy bien. —Marcus no admitió que le dolía y que hasta el cinturón de seguridad le causaba daño cuando le rozaba la zona. Durante una pugna por un balón, un defensa del Birmingham había metido el codo mientras ambos se elevaban. Los médicos del equipo le habían mirado, pero Marcus le había restado importancia.

—Tú siempre estás bien. Oye, si luego se me pasa escribirte que sepas que te deseo un buen año nuevo y que ni de coña vas a librarte de mí en 2020.

—Tú de mí tampoco, petardo.

—Es que nuestra amistad es a prueba de bombas, comas etílicos, vuelos cancelados y partidos jodidos —determinó Harris sacándole una carcajada.

Había momentos en los que Marcus quería compartir con él su secreto, pero no se atrevía. Harris nunca había soltado un comentario homófobo. Otros jugadores sí, pero Leane siempre les paraba los pies y les echaba la bronca. A Marcus le parecía un gran capitán en el campo y también fuera.

Cada uno compartió su ubicación con el otro desde la gasolinera en la que habían parado para comprar cafeína. Luke se alegró de haberse quedado una hora más esa mañana en la cama. La noche anterior le costó dormirse. Marcus estaba lejos y extrañaba su calor y esa forma que tenía de rodearle con sus brazos mientras sus cuerpos encajaban a la perfección como si fuesen las piezas de un puzle creadas a medida. Apenas llevaban una semana viviendo juntos, pero desde que comenzaron a salir en julio eran pocas las noches que habían pasado separados. Solía ser por los partidos o una vez en la que Luke se acatarró y no quiso contagiarle. Marcus sin embargo se presentó en su apartamento con comida y no se movió de su lado. El corazón de Luke se hinchó al recordarlo. Habían vivido un montón de cosas juntos y se moría por darle la bienvenida al año nuevo a su lado, gritando la cuenta atrás y besándole en cuanto llegara la medianoche. También le haría ilusión ver a sus padres cantando abrazados la famosa canción Auld Lang Syne. Teniendo en cuenta que ya eran más de las seis eso último parecía complicado.

Luke sonrió y le contó lo que se le había ocurrido. Marcus supo que aquello significaba renunciar a estar con Barb y Seb. Por eso le dijo que no.

Luke llenó el chat de emojis de corazones de todos los colores. Marcus miró el reloj, para ir al aeropuerto tendrían que desviarse un poco, pero necesitaba estar con él ya. Necesitaba saber que a pesar de lo caótico y extraño que estaba resultando el día, por fin iría todo bien. Al de un rato, Luke le llamó por teléfono para decirle que sus padres se habían emocionado mucho al saber que estaban en camino. Antes de colgar, Luke le preguntó a Marcus si su plan de devolver el coche tenía algo que ver con su dolor.

—Estoy bien —afirmó Marcus justo mientras hacía una mueca de dolor.

—Y yo soy un extraterrestre, no te jode.

—Oh, eso explica que seas hincha del peor equipo de la tierra. Ya me quedo más tranquilo, pobrecito, en tu planeta no les gusta el buen fútbol.

—Sé lo que intentas —le advirtió Luke—. Paso de meterme con tu equipo de Liga 2 y tampoco voy a creerme eso de que estás bien. He visto la puta jugada y cómo te costaba respirar después. También sé que seguramente les habrás dicho a los médicos que no te duele. Ah, y ya me has mentido lo suficiente hoy, idiota.

—No quiero mentirte nunca, solo que no te preocupes, Luke. Lo siento. Sí, me duele, pero lo de dejar el coche es porque quiero verte ya.

Marcus dejó el coche en la agencia de alquiler y se largó al parking del aeropuerto. Cuando abrió la puerta del BMW los ojos de Luke centellearon y quiso abrazarle tanto como él, pero también le miró como si intentara averiguar cuánto le dolía todo. A veces Marcus era como una escala de Richter codificada que solo Luke podía descifrar. Para demostrarlo, Marcus se ofreció a conducir y Luke puso los ojos en blanco.

—Llevamos dos días sin vernos. —Marcus intentó ablandarle.

—Eso no quita para que seas un mentiroso y no, no estoy hablando de tu sorpresa de alquilar un coche para que estemos juntos. Marcus, te duele al respirar.

—No es para tanto. Ahora en serio, sí, es molesto y me he llevado varias hostias, pero no estoy tan mal como crees. Te lo prometo. —Marcus acompañó sus palabras de varias caricias en el muslo de Luke—. Vamos a disfrutar de la noche y del Año Nuevo, ¿vale?

—Vale.

La casa olía a pastel de carne y a velas de calabaza. Los adornos navideños todavía seguían decorando las puertas y paredes, con el árbol ocupando su sitio en el salón. Luke y Marcus compartieron una sonrisa al darse cuenta de que los dos estaban recordando la noche del 24 de diciembre, cuando a Luke le pudo la impaciencia y quiso abrir los regalos. Barb y Seb también habían visto el partido y no tardaron en preguntarle a Marcus cómo estaba. Él respondió que bien y Luke no dijo nada, pero se dio cuenta de cómo Marcus torcía los labios cuando le entró la tos.

—Te duele la hostia, ¿verdad? —le susurró Luke al oído cuando se sentó a su lado. Marcus se encogió de hombros y Luke arrugó la nariz—. Marcus...

—Me duele al toser y al respirar fuerte.

—Vamos al hospital —afirmó Luke.

—No. Luke, son casi las diez. Nos hemos pasado toda la tarde en la carretera para llegar aquí. Lo hemos conseguido y me niego a joderlo.

—Marcus, tú no estás jodiendo nada. No tienes la culpa de tener dolor.

—Esto no es el colegio —bromeó Seb.

—Sí, aquí podéis hablar en alto que no vamos a echaros la bronca —agregó Barb con diversión. Marcus miró a Luke con ojos de cachorrito, suplicándole que no dijese nada.

—Oh, nada, estábamos hablando del viaje de Birmingham hasta aquí —mintió Luke. Marcus le dio las gracias en silencio.

—Gracias por conducir cuatro horas, Marcus —comentó Barb.

—Luke ha conducido más que yo, él me ha ido a buscar. —Marcus le dedicó una sonrisa.

—¿No os habéis ido a buscar el uno al otro? —preguntó Seb. Los dos se miraron y asintieron—. Menos mal que habéis hablado y habéis podido encontraros a mitad de camino.

—Siempre podrán hacerlo, son incapaces de estar separados —opinó Barb.

Cada vez que tosía o hacía un gesto Marcus sentía un dolor que paralizaba todo su cuerpo. Intentaba quedarse quieto para ver si así se le pasaba, pero no servía de mucho. Al reírse con un chiste que le contaron a Barb en la peluquería, Marcus creyó que iba a dejar de respirar de un momento a otro. Después se quedó muy quieto mientras Luke parecía totalmente decidido a llevarle arrastras al hospital. Marcus consiguió aguantar y le prometió a Luke que si al día siguiente seguía igual irían al hospital. Deseaba no tener que hacerlo, pero ahora solo podía pensar en que faltaba un minuto para las doce. Un minuto para vivir su primer año nuevo juntos, para besarse cuando finalizara la cuenta atrás y para desear tener 365 días repletos de momentos felices.

—Cinco, cuatro, tres, dos, uno, ceeeero —gritaron los cuatro al unísono mientras la televisión daba los fuegos artificiales y las celebraciones que acababan de comenzar.

—Feliz año nuevo —deseó Barb entre lágrimas y con la voz temblorosa. La nochevieja siempre le recordaba a sus padres y a cómo se fueron antes de tiempo. Seb le dio un abrazo y un beso cargado de ternura mientras Luke y Marcus unían sus labios con un beso breve.

—Marcus y yo nos tenemos que ir —anunció Luke. Sabía que ya no podía más. Durante su abrazo la respiración de Marcus se había convertido en una especie de silbido.

—¿Vais a un cotillón juntos? —se sorprendió Barb.

—No —contestó Luke—. Vamos al hospital por el golpe que le han dado en las costillas.

—¿No te ha dolido hasta ahora? —se extrañó Seb.

—Papá, le ha dolido desde el principio, pero es un cabezota y no quería fastidiaros el plan. Por eso ha alquilado un coche y ha conducido dolorido.

—No ha sido solo por eso —farfulló Marcus.

—Para mí también es importante nuestro primer año nuevo juntos, Marcus, pero podíamos haberlo celebrado igualmente en el hospital sin que sufras un dolor inmenso por reírte del chiste malo que ha contado mi madre o porque te entre la tos —le recordó Luke—. Lo que más me importa es que estés bien.

—El chiste era genial —intervino Seb—. Podemos llevaros al hospital.

—No hace falta. —Marcus fue claro y ellos les pidieron que les mantuvieran informados. Antes de subirse de nuevo al BMW plateado de Luke, Marcus le miró y le confesó algo—. No era solo por eso. Esta fiesta para mí nunca había tenido significado. Sí, había que cambiar la hoja del calendario, pero todo seguía igual. Ya no.

—¿Por qué?

—Antes de ti mi puta película era en blanco y negro, desde entonces, tiene todos los jodidos colores. Estamos yendo hasta el hospital en Nochevieja y debería estar aterrado porque no sé si tengo una costilla rota, sin embargo, sé que todo va a salir bien porque estamos juntos.

El hospital estaba en calma a pesar del día que era. Serpentown era de las ciudades más tranquilas de todo el país y seguramente habría alguna que otra urgencia, pero no tantas como en otros lugares. De hecho si querías ir a un cotillón tenías que ir a otro sitio, allí hasta la bolera estaba cerrada. Marcus dio sus datos y enseguida le atendieron. Primero le pasaron a la zona de rayos para hacerle una radiografía. No era hipocondriaco como Luke, pero no llevaba bien las lesiones y esa parecía una de las gordas.

—¿No te han hecho pruebas los médicos de tu equipo? —se extrañó la sanitaria mientras le colocaba sobre la máquina para hacerle la radiografía. Marcus negó con la cabeza—. ¿Por qué?

—Les he dicho que estaba bien y he seguido jugando. Después he vuelto a decirles lo mismo y...

—¿Esto no ha sido en Birmingham?

—Sí pero he venido hasta aquí conduciendo porque se ha cancelado el vuelo. —Marcus se imaginó que la siguiente pregunta sería «por qué has hecho eso», pero la médica no le juzgó y decidió no hurgar más en la herida. Si había hecho ese viaje sus motivos tendría.

—No ha sido la idea más inteligente del mundo. —Eso fue lo único que dijo la doctora y Marcus asintió. Puede que lo más lógico hubiese sido quedarse en Birmingham, pero él no lo veía así, para él no había nada más justo que estar junto a la persona a la que amaba.

—¿Qué te han dicho? —Luke se levantó de su asiento de la sala de espera nada más verle. Allí había un par de personas más y una señora les observó con curiosidad. Marcus se dio cuenta y se llevó a Luke a la parte de la sala que estaba oculta por una columna. Odiaba tener que esconderse incluso en un momento así—. Marcus...

—No quería que nos escucharan y... necesitaba abrazarte. Todavía no tienen los resultados —susurró Marcus—. Creo que... no tiene buena pinta. Me ha preguntado por qué no me han hecho pruebas y por qué he seguido jugando y luego he conducido hasta aquí.

—¿Le has dicho que eres un cabezota?

—No más que tú —bromeó Marcus sacándole una sonrisa.

—¿Saben ahí dentro que no soportas esperar?

—Eres más tonto... —Marcus se agarró el costado y Luke se lamentó por haberle hecho reír—. Siento que hayamos hecho todo el viaje para acabar la noche aquí.

—No vamos a acabar la noche aquí. Te darán el resultado y nos iremos a casa.

—¿Puedes entrar en la consulta conmigo?

—Claro, puedo y voy a hacer lo que necesites —prometió Luke.

La pantalla de la sala de espera emitió un pitido y Luke se acercó a mirar el número. Le hizo un gesto a Marcus y le siguió hasta la consulta de la doctora. Había una costilla fisurada a causa del golpe y la caída. La médica les explicó en qué casos deberían regresar al hospital y cómo tendrían que ser los cuidados. Marcus salió de allí repitiendo en alto el tiempo que estaría lesionado. De tres a seis semanas.

—No va a ser para tanto, ya lo verás —le aseguró Luke intentando ser positivo. Marcus arrugó la nariz.

—No puedo tener sexo, moverme ni jugar al fútbol.

—Oh, ¿tus prioridades van en ese orden? —se burló Luke. Marcus le dedicó una peineta mientras caminaban hacia el coche más despacio de lo que a Marcus le gustaría. Al menos le habían dado un analgésico para calmar el dolor—. Sí puedes tener sexo.

—¿Tú has escuchado lo que ha dicho?

—Sí pero también sé que hay sexo más allá de la penetración.

—Guau. Más allá de la penetración, eso suena al título de una jodida peli porno de temática espacial —bromeó Marcus mientras Luke le abría la puerta del copiloto y se echaba a reír.

Cuando llegaron a casa Barb y Seb estaban en la sala viendo un programa de actuaciones musicales de la BBC sin prestarle mucha atención. Los dos se levantaron y se acercaron a preguntarles qué les habían dicho. Entre los dos explicaron todo, salvo la recomendación de no tener actividades sexuales. La médica había añadido la palabra novia a la ecuación y ninguno había cortocircuitado pensando que les habían pillado. Barb y Seb le desearon que se recuperase pronto y ellos les dieron las buenas noches. Luke colocó los cojines en el lado de la cama de Marcus mientras él se lavaba los dientes.

—Túmbate ahí. He leído que es bueno para mantener el torso elevado y respirar mejor —explicó Luke.

—Gracias.

Marcus se tumbó con los calzoncillos puestos y Luke se colocó junto a él de lado. Le miró antes de darle un beso suave que acabó convirtiéndose en un caos de lenguas, dientes y labios chocando. Un minuto después Luke bajó sus manos hasta la entrepierna de Marcus y comenzó a tocarle sin prisa, disfrutando de cómo sus pupilas se dilataban, volviendo sus ojos más azules y brillantes. A Luke le preocupó que le dolieran las costillas por respirar de forma irregular, pero Marcus parecía encontrarse en el maldito paraíso. Luke le agarró la mano y continuó con su boca hasta que él alcanzó el orgasmo intentando que sus gemidos no fuesen muy altos. Por un instante el dolor había desaparecido y se había transformado en placer. Marcus intentó devolverle el favor, pero Luke le frenó y le dio un beso en la mejilla al verle bostezar. Al poco rato la respiración de Marcus se volvió más relajada y su cuerpo se amoldó a la perfección a los cojines y almohadas que Luke había colocado. Luke se tumbó al lado y Marcus tiró de él para abrazarle. No podía ponerse de lado, pero se negaba a dormir lejos de él, igual que hace unas horas se había negado a que pasaran la noche separados.