
Antes de que todo estalle
Historia extra ambientada en Offside. * Spoilers
Tania Albeira Rodriguez
1/25/20263 min leer


Esta historia está ambientada en Offside, justo antes del capítulo 25 titulado Nebulosa multicolor.
* Contiene spoilers. Si no has leído el libro es mejor que la guardes para cuando lo hayas hecho. Si te lo has leído, espero que la disfrutes.
Luke y Marcus continuaron en la terraza después de que Marcus le informara de que Mario les había castigado a Rizik, a Héctor y a él por la pelea en el vestuario. Luke llevaba puesta la camiseta blanca del Leeds que le regaló Marcus. Hacía bastante sol y se la quitó porque no se sentía bien vistiendo los colores del rival del equipo de su novio en la FA Cup. Su torso desnudo bastó para que Marcus se mordiera el labio.
—Hmm... ¿Te has echado crema solar? —Se interesó Marcus
—Sí, hace rato.
—Entonces necesitas más. —Marcus ronroneó contra su oído.
Luke le pasó el bote que tenía en la mesa y emitió un ruidito al notar lo frío que estaba el líquido.
—Enseguida entras en calor.
A Luke le fascinaba el tacto cálido y un poco áspero de las manos de Marcus. Gimió cuando él pegó sus caderas, deslizando los dedos hasta la tripa de Luke para cubrirla de caricias. Su toque no podía ser más dulce, pero Luke sabía que Marcus era incapaz de dejar de darle vueltas a lo que había sucedido en el Northwalk. En los vestuarios suele haber discusiones, pero aquella a Marcus le afectaba especialmente.
—¿Seguro que estás bien? Podemos hablar —sugirió Luke preocupado.
—También podemos corrernos.
—¿Después de hablar? —insistió Luke. Marcus negó con la cabeza y se acercó a su boca. Antes de besarle murmuró algo.
—Estoy bien. No necesito hablar, solo besarte.
Luke se moría porque sus labios colisionaran sin descanso, pero prefería lo primero aunque a Marcus no se le diera bien. Hablar de cómo se sentía le resultaba más difícil que escalar el Everest en chanclas. Luke lo intentó una última vez.
—Oye, hace un mes yo estaba jodido y me negaba a hablar de ello, pero tú me hiciste comprender que lo que necesitaba era soltar todo lo que me hacía daño.
—Luke, tú eres lo único que necesito.
—¿Lo dices por el sexo? —bromeó él.
—Sabes que no. Hay un millón de cosas más importantes que esa.
—¿Vamos a hacer una lista? —bromeó Luke.
—Sí, empiezo. Me encanta tu risa.
—Oh, ¿por eso haces tanto el tonto?
Marcus soltó una carcajada.
—A mí también me encanta que te rías. Tu sonrisa es la más bonita que he visto en mi vida. Cuando te conocí no era fácil de ver.
—¿Insinúas que era un borde?
—No. Solo complicado. Te callabas muchas cosas y, bueno sigues haciéndolo.
—¿Podemos volver al sexo? —Marcus lo dijo con una sonrisa.
—Sí pero quiero que no olvides que puedes contarme lo que sea.
—Lo sé.
Luke sonrió y le dio un beso. Marcus le tomó en brazos y le llevó al sofá en el que Luke se había pasado un buen rato tomando el sol. Marcus se tumbó sobre él y le envolvió con su cálido y fibroso cuerpo. Se quitó la camiseta a toda velocidad. Luke ayudó desabrochándole los pantalones. Permanecieron pegados disfrutando de estar así piel con piel, como si nada pudiera interponerse jamás entre ellos. Se besaron sin descanso, pero también sin prisa. No les preocupaba que el sol dejara de brillar en el cielo porque ambos sabían que si seguían juntos daban igual las nubes, la niebla y la oscuridad. Llevaban cinco meses viviendo en esa casa situada en mitad del bosque de Northwalk y habían hecho el amor otras veces en la terraza, pero ninguna había sido como ahora. Ambos detestaban las prisas y les gustaba hacerlo lento perdiéndose y encontrándose juntos, cambiando el ritmo, subiendo, bajando y cayendo mil veces. Puede que fuera porque ninguno estaba atravesando un buen momento y porque sabían que se necesitaban más que nunca, pero esta vez fue como si de verdad lograran parar el tiempo. Se confesaron sin parar lo mucho que se amaban mientras sus cuerpos se fusionaban en uno, mientras sus latidos se acompasaban y sus gemidos se intensificaban. No dejaron de mirarse a los ojos salvo cuando los cerraban de forma automática para besarse. Aunque ellos no lo supieran esa era la última vez en meses en la que iban a poder sentirse así estando en su lugar seguro. Todo estaba a punto de cambiar mientras ellos se abrazaban y disfrutaban de los últimos rayos de sol del día.


